Cuando un paciente presenta debilidad, calambres o entumecimiento, la pregunta fundamental es: ¿el problema reside en el nervio (neuropatía) o en el músculo (miopatía)? La respuesta definitiva se obtiene a través de las Velocidades de Conducción Nerviosa y la Electromiografía (EMG). Estos estudios son el estándar de oro en la neurofisiología clínica para diagnosticar trastornos neuromusculares.
La Función Complementaria de los Estudios:
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Velocidades de Conducción Nerviosa: Evalúan qué tan rápido y con qué intensidad los nervios transmiten las señales eléctricas. Son fundamentales para detectar neuropatías (como el síndrome del túnel carpiano) o radiculopatías (pinzamientos de raíz nerviosa).
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Electromiografía (EMG): Es el registro de la actividad eléctrica del músculo en reposo y durante la contracción. La EMG determina si la debilidad es causada por una enfermedad muscular intrínseca (miopatía) o por un daño en el nervio que lo alimenta.
Un Diagnóstico Preciso para un Tratamiento Dirigido: La combinación de estas dos pruebas es crucial para diferenciar la causa subyacente de los síntomas. El Dr. Ortiz utiliza estos estudios para obtener un diagnóstico exacto, lo que es esencial para un tratamiento efectivo. Por ejemplo, identificar una radiculopatía permite enfocar el tratamiento a la columna vertebral, mientras que detectar una miopatía dirige la atención a terapias musculares específicas.
Conclusión: Un estudio electromiográfico bien realizado es rápido, profesional y el paso más importante para entender un diagnóstico neuromuscular. Si presenta síntomas de debilidad o entumecimiento, no demore su evaluación especializada.


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